Hay grillos que no dejan de anunciarse con su canto hasta que alguna hembra muestra interés. La “dama” escucha la sinfonía, ya que está dotada de “oídos” en las patas delanteras, pero no se contenta con un noviazgo a distancia. Cuando ella se acerca, el
grillo emite una vibración continua, el canto de cortejo. Con semejante serenata, se prenda del “galán” y ambos se aparean.
En el Lejano Oriente, algunas personas tienen grillos como mascotas, pues les entretiene su melodía; otras prefieren disfrutar del concierto en su hábitat natural. Sin importar el escenario, la serenata del pequeño cantor cautiva a los seres humanos que lo escuchan.